El orden elevado y asimétrico del muro, cada piedra tallada a mano, ninguna igual, refleja ese afán tan nuestro de alcanzar la perfección, dejando constancia clara de la conciencia plena de nuestra imperfección.
Tomar una fotografía de un pedazo de pared puede ser un capricho extravagante. Quizás también sea un llamado inconsciente a revisar las estructuras, y ver si con cada cosa que hacemos, cada piedra, estamos construyendo algo, o simplemente arrojando desperdicios a nuestro paso.
Estas piedras miran al aterdecer de la campiña toscana desde hace cientos de años. Con cada día que pasa, hacen un homenaje al artesano que con sus manos dejó en ellas tantas oraciones, tantas reflexiones, tantos recuerdos y tantos sueños y anhelos, como piedras esculpidas.

